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Querido hombre que será mi pareja en un futuro (si es que queda alguno que pueda estar interesado en mi) siento comunicarte que si trabajas en el mundo de la construcción, como obrero no vas a tener ninguna posibilidad conmigo, lo siento.

No es que piense que trabajar de obrero sea algo que esté por debajo de mi, creo que cualquier trabajo es digno… no va por ahí la cosa. Lo que ocurre es que después de que durante 4 meses tus compañeros de profesión (sin culparles directamente a ellos, sino a su profesión) me hayan amargado cada mañana…. incluídas las de los fines de semana, y tras ver las secuelas que me han dejado no pudiendo descansar lo mínimo establecido «por ley»…. Dejo patente mi odio hacie este colectivo.

Y ahora podréis decirme lo que queráis pero no sois vosostros los que desde las 7;14 de la mañana bajo vuestra ventana, en el baño, en la terraza, en la pared de detrás y hasta en vuestra propia habitación mientras dormíais (o lo intentábais al menos) habéis tenido a un hombrecillo haciedo un ruido ensordecedor…

Así que querido hombre de mi vida, ya que no has llegado todavía, si eres obrero, cambia de trabajo!!!

Besis

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Comparto un relato que un amigo me envió hace mucho y que hoy, limpiando he encontrado. Es de Edgar Allan Poe:

En un atardecer  triste y quejoso
meditaba yo, débil y abrumado,
sobre un volumen de ciencias muy curioso
de temas que ya estaban olvidados.

Mientras cabeceaba somnoliento,
oí como si repicaran suavemente
en la puerta cerrada del salón.
“Será alguna visita, —pensé yo—
que está llamando a la puerta de atrás.
Es eso, sólo eso y nada más.”

Ah, recuerdo claramente
aquel diciembre anodino,
y el rescoldo mortecino
que hacía sombra en el suelo.
Mientras pedía vanamente
a los libros un consuelo.

Me estremecí al ondular
de las púrpuras cortinas,
con ese ruido sedoso
del fantasma que camina.
Mi corazón temeroso
del pecho quería saltar,
y yo repetía angustiado
para poderlo callar:

«Es sólo un visitante que quiere entrar.
Es eso, eso es sólo, y nada más»

Mas de pronto mi alma tomó aliento
y sin dudarlo, lancé mi voz al viento:
«Señor —dije— o señora, lo lamento,
y os imploro perdón de corazón.
Pero ha ocurrido que,
como estaba yo medio dormido
y llamasteis tan sin hacer ruido
a la puerta de mi habitación,
pues apenas si os he oído»

Y abrí de par en par:
oscuridad, tan solo, y nada más.

Di la vuelta tras cerrar;
sentía mi sangre caliente,
cuando de nuevo, oí llamar,
esta vez más fuertemente.

«Eso es —dije yo— eso es seguramente
que sin duda esta mañana
alguien dejó sin pensar
cualquier cosa en la ventana»

Abrí de par los postigos
y entró, cual si fuera amigo,
con revoloteo ruidoso,
un cuervo majestuoso.

No hizo reverencia alguna,
y con un aire altanero
de dama o de caballero,
sin batir casi sus alas,
con la mirada despierta
saltó, se posó en la puerta,
luego en el busto de Pallas,
y nada más.

«Aunque tengas la cresta rala y lisa
no es tu actitud sumisa.
Tú, que por el margen de la noche vagas,
dime, cuál es tu nombre,
antes de que deshagas
lo que plutónicamente
te da el hombre, pájaro carroñero»

El cuervo dijo: «nunca más»,
y  nunca diría otra cosa.

De pronto noté el aire perfumado:
un invisible incensario balanceado
por ángeles cuyo tintineo
quedaba en la alfombra amortiguado.

«Miserable», le increpé;
«Dios por medio de estos querubines
te envuelve en el descanso y el sopor
que alivian el recuerdo de tu amor.
Apura, apura este filtro que asegura
el no acordarte más de tu locura»

Y dijo el cuervo: «nunca más».

«Que estas palabras sean tu despedida,
pájaro demonio; —chillé furioso—
aléjate de mi vida,
ve a tu noche de plutonio
y no dejes pluma atestiguando la mentira
que tu alma invoca.
Mi rebeldía se ha convertido en ira.
Baja del busto de roca,
no busques mi corazón
y desaparece de mi habitación»

Y dijo el cuervo: «nunca más».

«No busques, cuervo, mi corazón,
desaparece de mi habitación»

Y dijo el cuervo: «nunca más»

Y el cuervo inmóvil,
cerradas las alas
ahí sigue parado,
sobre el busto de Pallas.

Guardián inmóvil
de mi imagen muerta,
escudriña mi ser
desde la puerta.

La luz proyecta su imagen en el suelo,
donde yace mi alma sin consuelo.
Donde ya siempre mi alma yacerá
pues no podrá levantarse
nunca más.

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La semana pasada no fue la mejor… positivamente puedo decir que no ha sido la mejor del año, pero teniendo en cuenta que se trataba de la cuarta semana del 2012, soy optimista de cara a que la media mejore con los 11 meses que quedan.

La semana pasada parecía más bipolar que nunca, lloré, lloré mucho de tristeza y por suerte un poquito de alegría (los que me conocen saben que siempre que me río, lloro, algo genético que funciona mal en mi aparato lacrimal). Pero yo sé lo que es llorar de alegría, eso sí que lo sé. De todos modos la proporción de lágrima era un 80/20, ganando las tristes por goleada.

¿El “por qué”? de esa mala semana, que tuvo su momento más álgido del martes al miércoles, podría resumirlo en un simple “se me juntó todo” pero, como este es mi blog y escribo lo que pienso y lo que siento, lo diré y el que quiera leerlo que lo haga y el que no… que cierre la ventana!!!!

Básicamente, no me gusta madrugar (problema número 1) soy consciente de que a las 7 de la mañana no estoy en mi mejor momento pero es que además, si madrugo mucho, dejo mi buen humor (el poco que tengo) en la cama y éste no cambia a lo largo del día, lo siento (esto de todos modos viene en mi manual del instrucciones pero pocos se paran a leerlo).

Problema número 2: odio, odio, odio mucho (pongo énfasis) que si yo acudo a alguien porque tengo un mal día y necesito que me anime, ésta persona me cuente sus problemas… O_o A algunos les sonará egoísta y pensarán que soy mala amiga, egocéntrica, bla, bla, bla… pero me molesta vale? Es decir, yo te busco porque quiero hablar contigo porque hoy, si hoy, no cualquier otro día del año y teniendo en cuenta que hace más de un mes y medio (y eso es mucho en mi caso), HOY  necesito que alguien me anime, y tu no sólo pasas de lo que te estoy contando sino que me cortas para contarme tus problemas y hablas de ti… perdona???

Problema número 3: trabajo… si vale, tengo trabajo, no como otros en la actual situación de crisis, al menos tengo trabajo algunas semanas, la semana pasada trabajé (esta no, sino no podría desahogarme así, lo aseguro). No hay nada mejor que encontrarte con un gilipollas (mmmm primera palabrota que escribo en el blog ¬¬’) que desde el  primer día no hace otra cosa que marearte y marearte, por no decir otra palabrota…

Problema número 4: Examen. Hacía mucho tiempo que no me presentaba a un examen y teniendo en cuenta que era la primera vez para dicha asignatura (que solo nombrar me da náuseas), decir que estaba nerviosa era quedarse corto!! La verdad es que los nervios iban acentuados con la idea de volver a la universidad, a ese terreno hostil en el que poder encontrarme con ciertas personas que no me apetecía mucho ver, nah, que no quería ver en absoluto (problema número 5, creo), y eso, sumado al malo café de máquina (porque no conozco ninguna máquina que haga buen café de máquina) no mejoró la situación…

Problema número 6: Llamar y que nadie conteste, jajajaja me cabrea más que deprimirme (también está en mi manual, apartado 5: llamadas, correos y mensajes) pero la semana pasada tuvo el efecto contrario totalmente… al final la persona que más lejos está de mí en este momento (en París) fue la que más cerca noté esos días: una hora por teléfono y miles de mensajes que, por suerte, no cesan…

Problema número 7: La simpatía de mi hermana, a ver, no me malinterpretéis no es que no me alegre que últimamente nos llevemos bien la Boni y yo pero, justo la semana pasada ella estaba cariñosa y yo deprimida, combinación muy negativa porque para una vez que se preocupa por lo que me pasa, el preguntarme por ciertos temas citados entre los números anteriores  fue la chispa que me hizo saltar, bueno más bien soltar, soltar toda la presión en forma de lágrimas saladas durante un buen rato, la pobre se asustó y todo… creo que no volverá a preguntarme.

Problema número ¿8?, no recordaba que fueran tantos:  mi empatía, ya sé que el número 2 era exactamente lo contrario, no queriendo escuchar los problemas de los demás cuando la que necesita desahogarse soy yo pero, no es lo mismo, me refiero a la empatía que, al estar sensible te hace sentir el mal de gente cercana a ti. Lo habría sentido igual sino estuviera deprimida pero la semanita que llevaba hizo que el dolor ajeno se sumara a la lista de motivos por los que me dio por pensar que todo era una mierda…

Y por si fuera corta la lista, además de todo eso se sumó el problema número 9, el que toda mujer tiene una vez al mes, y no es que sea un comentario machista porque odio a los hombres que se piensan que por tener un día malo tienes que estar ovulando pero, sinceramente no me ayudó a levantar cabeza, vamos, que era una hormona llorona con patas!!! (creo que a mi amiga Patri se reirá al leer esto) por suerte pude controlar sus efectos, al menos, en un campo en particular…

Es una lista muy larga pero, por citar un problema más ya que me gustan los número pares, diré que el número 10 era que esa semana no me gustaba nada como tenía el pelo… superficial sip, pero por patético que parezca, mi pelo fue lo que me causó un ataque de risa cuando no puede peinarme como quería…

Lo único positivo de esa semana (por decir algo): que ya ha pasado y que la recordaré por ser la peor semana de enero de 2012, por suerte no se repetirá!!!!!!

Pd- me da vergüenza haber escrito tanto… es como si fuera un reportaje para periodismo especializado! ¬¬’

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