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Posts Tagged ‘relato’

​Ella: ¿Quieres verme hoy? Él: No lo sé.

Ella: ¿Te quedas a dormir? Él: No lo sé.

Ella: ¿Qué somos? Él: No lo sé.

Él: ¿Ya no me quieres?

Ella: No lo sé.

 

 

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Este microcuento de Mónica Carrillo me viene al pelo esta semana…

Como no sabía

qué más decir

seguí hablándote.

Y volví a equivocarme.

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Hoy por pirmera vez, me he atrevido a participar en el blg de Fernando Vicente y escribir mi interpretación sobre la foto que publica. Este es el resultado, mi opinión sobre dicha imagen…

No puedo respirar fuera del agua, no puedo caminar al no tener piernas, no puedo hablar porque mi voz aquí no se escucha… pero no me importa porque con tus besos respiro, porque eres mi sitio en el mundo y voy donde tu vayas y porque mi voz está en tu corazón…

y lo demás, da igual.

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Microrelato

Ella se dio cuenta al tercer día que su “mañana” y el “mañana” de él no eran los mismos…

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Ella era alérgica a las flores, a todas, pero siempre había soñado con vivir en una casa con jardín, se consolaba viendo las flores a través del cristal, hasta que le daba la alergia y lloraba y estornudaba.

El era jardinero y florista, cada día se enamoraba un poco más de esa jóven que siempre que se paraba en el escaparate empezaba a estornudar.

Un día salió a su encuentro con una rosa en la mano, ella le rechazó y salió corriendo.

Su amor era imposible, ella lo sabía pero el no.

Cada día salía a su encuentro con una nueva flor…. un lirio, una margarita, un tulipán, un clavel, un crisanteno… y siempre la misma reacción, ella salía corriendo. Pero al día siguiente volvía, y el veía en sus ojos que sentía lo mismo que el.

No estaba equivocado, uno de los días ella llegó con una libreta en la mano y antes de que el pudiera salir con una flor en la mano, ella empezó a pasar páginas al otro lado del cristal:

– No salgas por favor. – Me llamo Susana, nunca me da tiempo a decírtelo. – Soy alérgica a las flores por eso siempre estornudo cuando sales. – Me gustan mucho, y al menos disfruto viéndolas aquí en tu tienda, las tienes preciosas, una lástima no poder olerlas. – Tu también me gustas, por cierto, pero no podemos hablar sin que me ponga mala. – Hasta mañana. Y salió corriendo, esta vez sin estornudar.

El se pasó todo el día pensando en ella, todo el día, casi no pudo ni vender. Cada vez que miraba una flor, le entraban ganas de tirarla a la basura, pero el las amaba, eran su vida pero, a la vez le estaban alejando del que era su gran amor, de eso no tenía dudas.

….

 

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Sobre mi cabeza ya no vuelan pajaritos, no tengo mariposas en el estómago y ya no sueño con principitos. Me he caído de la nube en la que vivía al darme cuenta de que la vida no es ninguna fantasía o a lo mejor me he dejado caer… Ya no imagino que puedo alcanzar cosas imposibles subida a esa escalera mágica que me acercaba a los sueños que anhelaba tocar con mis propios dedos.
He tirado por el camino más de una toalla que tal vez no debería haber estado nunca entre mis manos, a pesar de que en muchos casos me han servido para secarme las lágrimas, aunque no era ese su cometido. Tampoco escucho canciones bonitas porque sé que no hablan de mí, mi vida no es tan típica para verse reflejada en canciones que, como mis sentimientos, a menudo pasan desapercibidos…
Estoy perdida pero sé que es un tramo más de mi propio camino, lleno de dudas, de miedos y de sueños truncados, pero MI CAMINO. Sólo es una etapa más, no una parada, porque a pesar de que dude, tenga miedo y ya no sueñe como antes, no he dejado de andar y en algún momento empezaré un nuevo kilómetro y las cosas serán distintas…

 

(Este texto lo escribí con 18 años, lo sé porque lo tenía en Tuenti…. ya tenía yo mi vena darmática desarrollada xD, la esencia sigue siendo la misma, es una parte de mi)

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Él necesitaba un sello. Ella se lo dio con desgana mientras le servía café. Sabía que era para una carta romántica. Le había visto escribirla en esa misma cafetería durante varias tardes. Él le dio las gracias con una amplia sonrisa que a ella volvió a derretirla. Pagó y se fue. Al día siguiente no volvió, cosa que le pareció raro, cada tarde a la misma hora se sentaba a escribir mientras tomaba su café expresso. Esta tarde no era así. De repente llegó un cartero y preguntó por ella, tenía una entrega. Ella frimó el recibo y nada más ver el sobre, supo que era de él. Leyó lo más rápido que pudo, conteniendo la respiración y con el corazón a mil llegando al final: Te espero, es hora de que yo te sirva un café! Ella se quitó el delantal y salió corriendo de la cafetería en busca de su amor.    

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