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«Cuando deje de quererte, ya te avisaré»

Frase que dijo Pablo para dar por finalizada la discusión que había surgido de repente, sin venir a cuento, casi no había tenido tiempo a quitarse la chaqueta al llegar a casa… pero no consiguió finalizar nada -¿Qué quiere decir que cuando dejes de quererme me avisarás, qué soy un bote de galletas, Pablo, que cuando se acaban se han acabado y listo, si te apetece compras más o sino simplemente me dices «se han acabado las galletas pero, no compres más que no me han gustado, ahh y tampoco vuelvas que tampoco me gustas tú, ya no te quiero»- Pablo atónito sólo supo decir -Cristina, ya sabes que no me gustan las galletas-. Cristina se encerró en la habitación con un portazo que claramente prohibía la entrada a Pablo.

Pablo cogió una cerveza de la nevera y se sentó en el sofá, intentando revisar qué es lo que había pasado para llegar a esa pelea, casi nunca discutían… repasó desde esa misma mañana: Cristina estaba rara. Se había quedado en la cama más de lo normal, e incluso se había metido en la ducha mientras estaba él…

-No tienes nada que decirme cielo???- le preguntó mientras le abrazaba… (esa había sido la frase que lo había empezado todo). -Buenos días cariño!- Respondió él acompañándolo de un beso. -¿Sólo eso?- recriminó su mujer al instante. -¿Qué quieres oír Cris?-. -Nada, olvídalo-.

A media tarde Cristina le llamó, estaba de buen humor, le dijo que iba a llegar más tarde a casa porque tenía que hacer unas compras de última hora pero, que le esperara para cenar. Pablo no preguntó a que compras se refería. Al salir del trabajo se fue con unos compañeros a tomar algo, al fin y al cabo Cris iba a tardar. Pero al llegar a casa algo iba mal, Cris estaba sentada en el sofá con una copa de vino en las manos y mirando una caja abierta, era el ordenador que Pablo había pedido hace meses.

-¿Y eso que lo has abierto Cris?-. -Nada, pensaba que era para mi-. -Tu ordenador está bien no, sólo tiene un año, ¿es que quieres este?-. -No, creía que era para mí, pero no pensé que fuera un ordenador-. -¿Y qué esperabas que fuera, a caso esperabas algo?-. -Al parecer no, no esperaba nada-. -No lo entiendo, si ni siquiera viene a tu nombre, Cris, no lo entiendo-.

galletas-Pablo, ¿tú me quieres?- preguntó Cristina sin moverse del sofá. -¿A qué viene eso?- contestó Pablo recogiendo de mala gana la caja. -A que quiero saber si todavía me quieres Pablo, a eso viene-. -No comprendo por qué me lo preguntas ahora, qué tiene que ver que te quiera o no con que abras un paquete que no está a tu nombre?-. -¿Me quieres Pablo, todavía me quieres, sí o no, es una pregunta sencilla?- volvió a preguntar Cristina enfadada. -Has tomado demasiado vino hoy-. -Pablo contesta!-. -Cuando deje de quererte, ya te avisaré-.

(-¿Qué quiere decir que cuando dejes de quererme me avisarás, qué soy un bote de galletas, Pablo, que cuando se acaban se han acabado y listo, si te apetece compras más o sino simplemente me dices «se han acabado las galletas pero, no compres más que no me han gustado, ahh y tampoco vuelvas que tampoco me gustas tú, ya no te quiero»- Pablo atónito sólo supo decir -Cristina, ya sabes que no me gustan las galletas-. Cristina se encerró en la habitación con un portazo que claramente prohibía la entrada a Pablo.)

Pablo se terminó la tercera cerveza sin terminar de entender lo sucedido. Contemplando la caja del ordenador se quedó dormido.

Por la mañana, cada uno se vistió, desayunaron en silencio y se fueron a trabajar sin cruzarse una sola palabra…

Por la noche cuando Pablo llegó a casa, Cristina no estaba, sus cosas no estaban. Sólo había un paquete encima de la mesa al lado de un bote de galletas: «Nuestro último regalo de aniversario, galleta mía! pd- Cuando vuelva a quererte a mi lado, ya te avisaré. Cristina.»

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