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Posts Tagged ‘ascensor’

8:50. Como cada mañana dos personas coinciden en el ascensor de la empresa:

ascensor– Buenos días – Dice automáticamente, mientras pulsa el número 14.

– Buenos días – sonríe- … gran presentación la de ayer – y mira a esos ojos marrones.

– Esto, gracias – contesta asombrado – Perdona, nos conocemos desde hace cuánto? 4 años? Y es la primera vez que hablamos más allá de un «buenos días»… – replica con un tono raro.

– Yaaa, culpa mía – contesta ella mirando al suelo.

– Siempre he pensado que me odiabas por ser hijo del jefe, a muchos le ocurre – Dice avergonzado pero sincero.

– No, que va. Cuando entré a trabajar aquí estaba tan enamorada de ti que me daba vergüenza hablar contigo – Ups, sabe que ha hablado demasiado.

El sonríe y le brillan los ojos un poquito.

– ¿Y qué ha cambiado? si no te molesta que pregunte –

– Nada, bueno sí, he cambido yo – se sonroja, ¡Por qué hoy dura tanto el ascensor!

– Bueno… buenos días! – Las puertas se abren en el piso 14 y ella sale casi corriendo.

– Buenos días, Daniela! – Vuelve a sonreir mientras las puertas se cierran. Mierda, ese era mi piso!

En ese momento el hijo del jefe se enamoró de ella.

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Me apetecía rescatar este texto, a ver si así me animo a volver a escribir algo: 

Ella se despierta cada mañana con la esperanza de encontrarse con él en el ascensor. Por muy malo que sea el día, procura llegar a la misma hora para coincidir de nuevo con ese misterioso chico durante apenas un minuto. Desde el primer día que le vio en el ascensor, algo le atrajo de él, le vio guapo pero con una expresión triste y misteriosa. Debían tener el mismo horario, pensaba ella, eso estaba claro, no iba a quedarse todo el día en el ascensor sólo para verla y encima no cruzar palabra. De todos modos, esos segundos en el ascensor le relajaban mucho. Todos los días se despierta cinco minutos antes para no perder el ascensor a las 8:13.

Él recuerda perfectamente el día que la vio por primera vez. Justo hace tres semanas, iba de camino al entierro de su padre, abatido, triste y pensando en el tiempo que llevaban enfadados y sin hablarse, de repente, la puerta del ascensor se abrió y apareció ella, con una preciosa sonrisa y un simple «Buenos días». Le pareció un ángel y hasta llegar a la planta baja se sintió como anestesiado y relajado. Desde ese martes, todos los días llega a las seis de la mañana a casa de trabajar, se da una ducha rápida, se pone el traje y desayuna mientras espera a que el reloj marque las 8:13 para coger el ascensor, deseando que dos pisos más abajo, pare para que ella se suba. Después sale del portal va a comprar el pan y se vuelve a casa a dormir, hasta que a las seis y media de la tarde, vuelve a ponerse en traje y baja al portal para encontrarse de nuevo con ella a las 18:38, con la esperanza de cruzar alguna palabra más que un «Buenas tardes», luego va a casa, se pone el uniforme y se va a trabajar.

Todos los días la misma rutina para coincidir durante un minuto, a las 8:13 en el ascensor. Pero eso sí, un minuto que para ambos es el minuto más importante del día…

ascensor

 

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Los bolígrafos que escriben super bien

Leer en el bus o en el tren

Llegar a casa de fiesta y comer las sobras de la cena

Que mi primo me diga «naricita»

Entender una canción en inglés a la primera

Que el ascensor esté en el 0

El té pakistaní bien hecho

 

Nota: no es una lista completa

 

 

 

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Ella subió por el ascensor.

El decidió hacerlo por las escaleras.

Y ese encuentro nunca tuvo lugar…

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He tenido tanta tensión acumulada este fin de semana que estoy cansada de hablar. Hablo, hablo y hablo, de lo primero que se me pasa por la cabeza, de lo que me ha ocurrido, de lo que sea, de todo menos del tiempo.

Odio hablar del tiempo, lo odio!

No se, es una manía que he cogido con el paso de los años, no me gusta nada, es empezar a hablar del tiempo y se me pone mal cuerpo… El coincidir con un vecino en el ascensor y comentar el calor que hace o la rapidez que tiene que darse para recoger al ropa de la cuerda para la que lluvia no la empape me parece una de las conversaciones más absurdas que pueden tener lugar en un recorrido que no llega a durar ni medio minuto. Tanto cuesta quedarse en silencio?? y lo digo yo, que no me callo ni debajo del agua!! Pero, de verdad, tanto cuesta dejar esos segundos para que el cerebro desconecte en vez de hablar por hablar??

Pero si hay algo que me molesta de hablar del tiempo es hacerlo con una persona a la que conoces mucho, a mi el vecino me da igual, me habla de las nubes y de la gota fría y yo le pongo mi sonrisa educada (esa que sale sola y que tus padres se han encargado de enseñarte desde bien pequeño) mientras maldigo por no vivir ne un primero. Pero cuando tengo una charla con un amig@ y llega un momento en el que se habla del tiempo, en mi cabeza se enciende una luz roja de emergencia mientras pienso en qué es lo que ha pasado para llevar hasta ese punto la conversación. Porque para mí, hay cientos, miles de temas que comentar y debatir, silencios que con esas personas no tienen por qué ser incómodos, de echo, más de uno los agradecerán dado mi alto nivel de palabrería, antes que hablar del tiempo.

Quizá algunos me tomen por loca, «con lo fácil que es hablar de la lluvia o el calor en los silencios incómodos», dirán. Para mí, no es así, en mi vida, hablar del tiempo es sinónimo y, a la vez, precedente de que a esa amistad le quedan pocas “temporadas”…. por lo que si de verdad aprecias nuestra amistad: NO ME HABLES DE TIEMPO!

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